Harold González Rivas, el escultor que rescata la idiosincrasia nacional

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Foto: TN8

Sensible consigo mismo, con lo quiere y sueña, así es Harold González Rivas, quien se impulsó hace un par de años para trabajar su arte de esculpir imágenes colmadas de historia.

El olor a tierra mojada ha sido aplacado por las lluvias, ahora solo se escuchan las fricciones de las llantas sobre el pavimento humedecido de la monumental obra del Paso a Desnivel Nejapa, que cuenta con la rotonda más grande de la capital donde a escasos metros el chischil puntiagudo de metal espera su turno para ser forjado en resina epóxica. 

Ya el pie descalzo del reconocido macho mohíno del Güegüense se pule para tomar forma y comenzar a tallar los cinco dedos del pie izquierdo, pues el chaleco con lentejuela, la máscara de caballo y el crin que originalmente es de mecate, están tallados por el señor chele de 66 años, ojos achinados, cabello blanco y energía invencible.

Harold González Rivas, el escultor, se ha apasionado por “El Güegüense o Macho Ratón”, obra de autor desconocido y declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en el 2005. Todo inició cuando habitó por 16 años en Diriamba, Carazo, ciudad donde se originó la obra a través de las presentaciones callejeras que disfrutó más de una vez el artista, quien en aquel entonces se dedicaba a la música y otras actividades revolucionarias, pero no pasó desapercibido su interés, elaborando luego arreglos musicales de la misma.

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También efectuó algunas gráficas, dibujos, pinturas y fotografías, pero su amor transcendió cuando en el 2006 vio un anuncio en el periódico donde estaban solicitando modelistas para hacer una colección de los 12 personajes del Güegüense. 

Animado por las destrezas desarrolladas en su niñez con tacos de jabón que tallaba para crear diferentes figuras, sumado a la experiencia que adquirió cuando participó en un concurso de esculturas en metal, en el cual ganó el primer lugar creando la pieza de "El Padre sin Cabeza"; decidió probar suerte.

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Tras la prueba, fue seleccionado para hacer la colección y así inició su aplicación como profesional de la escultura, realizando primeramente en resina epóxica, el molde que luego se hace en metal zamax, una aleación de varios metales; para dar por finalizada la pieza es recubierta por un baño de oro o plata que permite destacar el esplendor de cada detalle trabajado durante un largo tiempo, según el ritmo del artista.

Piezas como las 500 figuras para poblar la maqueta de la Vieja Managua en el Paseo Xolotlán con el fin de recrear la famosísima Avenida Roosevelt, o Avenida del Comercio localizada en el centro histórico de Managua, son parte de la colección que destaca el artista; quien también se ha inspirado en la pose característica del General Augusto C. Sandino, para realizar estatuillas de 12 centímetros de altura bañadas en oro de 24 quilates que Harold González Rivas, el escultor, logró vender con éxito.

Afirma que el mayor reto que afronta el escultor nato, como lo llamaba su padre un talentoso fotógrafo, es recuperar la imagen del individuo, ya que conseguir que una figura humana, principalmente el rostro, se parezca a la persona que el artista quiere representar no es tarea fácil. Eso requiere de mucho tiempo, esfuerzo y dedicación que se adquiere a base de experiencias y educación autodidacta.

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Hace algunos años, viene trabajando el busto del patriarca de una universidad de occidente, ya en la obra tiene avanzado más del 80% destacando por sus detalles, la fineza de la nariz prominente, las pestañas gruesas y abundantes que prevalecen en la parte superior de los ojos almendrados que se distinguen a lo lejos. Igualmente, entre sus obras cita la representación artística del Santo Padre en el Museo San Juan Pablo II, ubicado entre el Puerto Salvador Allende y el Paseo de los Estudiantes.

Además, fabricó sobre un retablo de madera Los Tres GüegüeSabios, una pieza adaptada del ícono cultural japonés "Los Tres Monos Sabios", hecha de resina en alto relieve de 23 centímetros de alto por 14 de ancho, acabado con pátinas mono y polícromas, según el gusto de quien lo adquiere a través de su página oficial en Facebook @HaroldGonzalezRivasEscultura.

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Continúa trabajando en la música, reconoce que es hasta hace un par de años que dejó de ver la escultura como un hobby para dedicarse en pleno a ella e impulsar su carrera como escultor, tomando en cuenta que “La clave del éxito que los emprendedores nicaragüenses podemos esgrimir es rescatar nuestra identidad nacional”.

Por ello, adicional a la obra El Güegüense, quiere pronto proponer hacer una colección de personajes de héroes y próceres nacionales, manteniendo el único fin: que su Nicaragua, Nicaragüita, conozca a estos personajes que forman parte vital de la historia.

 

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