Claman justicia a 20 años del asesinato y violación de Katya Natalia

el salvador

El día más triste durante el año en la vida de Hilda Jiménez fue este miércoles. Lleva 20 años sufriendo y en cada uno llora en silencio por la violación y asesinato de su hija, Katya Natalia Miranda Jiménez, cometido el 4 de abril de 1999, en una desolada playa en El Salvador.

En 2019 Katya cumpliría 29 años de edad. Tenía nueve años cuando la madrugada del Sábado de Gloria apareció muerta al amanecer en la arena frente a un rancho privado en la playa Los Blancos, donde se encontraba vacacionando con su familia paterna.

Ahí estaba bajo el resguardo de Edwin Miranda, su padre, entonces integrante del Estado Mayor Presidencial del exmandatario Armando Calderón Sol y el comisionado Godofredo Miranda, otrora subjefe de la División de Investigación Criminal de la PNC y otros familiares, entre ellos su abuelo, Carlos Alberto Miranda, a quien posteriormente la Fiscalía lo acusó de ser el principal sospechoso de la muerte de la niña.

 

Tras el fatídico hecho, Hilda Jiménez y su otra hija, Gina Marcela, recibieron asilo en Estados Unidos donde se encuentra en la actualidad. Desde allá, Hilda vive clamando justicia por la muerte de su hija Katya. A través de su cuenta de Facebook publica lo difícil que es vivir con el mal recuerdo de la impunidad.

 

“Mis queridos familiares y amigos voy estar en El Salvador para el 20 aniversario luctuoso de mi amada e inolvidable hijita Katya, un ángel de luz que pide a Dios por cada uno de nosotros y especialmente por las niñas y los niños que triste y horriblemente siguen siendo objeto de toda clase de abusos, torturas y hasta de asesinato”, publicó Hilda en su página de Facebook.

Nadie está preso por la muerte de la niña 

La madre doliente ha tenido más derrotas que triunfos en su lucha por la justicia durante los 20 años. Su última decepción fue el 24 de septiembre de 2014, cuando la Sala de lo Penal, de la Corte Suprema de Justicia, ordenó la libertad definitiva para Carlos, el abuelo de la niña.

Los magistrados consideraron que el imputado fue juzgado dos veces por el delito de secuestro, algo que prohíbe el artículo 11 de la Constitución de la República, el cual establece que “nadie puede ser enjuiciado dos veces por la misma causa”.

Miranda había sido procesado por el homicidio de la niña meses después del abominable hecho, pero también recobró la libertad por falta de pruebas. También fue juzgado por abandono Edwin Miranda, el papá de la niña que ahora vive en Maryland. Además, cinco trabajadores del rancho. Todos quedaron libres.

La investigación de la muerte de la niña permaneció engavetada durante nueve años y ocho meses. Antes que prescribiera (diez años), la Fiscalía dirigida por Félix Garrid Safié, salió con una fugaz investigación donde alegó que el caso de la niña “se trataba de un secuestro confabulado por su abuelo y cuatro empleados”.

La Fiscalía sacó de lo desconocido a un testigo que había sido procesado por mentir en otros procesos y con ese testimonio, logró que Carlos Miranda, fuera condenado en marzo de 2011, por el Juzgado de Sentencia de Zacatecoluca a pasar 13 años en prisión por ser el autor intelectual del secuestro de su nieta.

Pero el mismo sistema de justicia absolvió al abuelo y lo perdonó de pagar 100,000 dólares. Sólo estuvo preso tres años y murió el pasado 4 de octubre de 2018. Dejando el homicidio de Katya Miranda en la impunidad.