Cómo influyen los tatuajes en los entrenamientos

Los tatuajes hace tiempo que dejaron atrás la calificación de una moda de época. Se convirtieron en una tendencia a la que las nuevas generaciones se apegan cada vez más. Por un fin estético, conmemorativo o cualquier otra razón, millones de personas tienen en su interior el deseo de imprimir en su piel una marca que quedará para siempre.

Mucho se habló y debatió acerca de las posibles consecuencias en la salud de sellar el cuerpo con la tinta. Entre voces a favor y otras en contra, los expertos analizaron -y analizan constantemente- su impacto en el organismo. Y una de las recientes investigaciones, correspondiente a la Universidad Alma College de Michigan, encontró una respuesta corporal que los vincula directamente con la actividad física.

 

Tras analizar a 10 jóvenes sanos de 21 años que tenían un tatuaje (algunos recientes y otros de varios años) de una circunferencia de 5,2 centímetros en un lado del cuerpo, los investigadores demostraron que al alterar la fisiología de la piel, los tattoos modifican la salinidad y la cantidad de sudor, lo que puede llegar a influir en el entrenamiento físico.

El fin del estudio fue comprobar si el sudor (su velocidad y salinidad) en una piel tatuada es distinto o no a la piel sin tatuar. Y, efectivamente, observaron que la estructura de la piel y su función cambian de manera permanente. Cuando la tinta penetra en la piel, algunos fragmentos de la tinta interfieren en las funciones básicas de las glándulas sudoríparas.

Los resultados, publicados en la publicación "Medicine & Science in Sports & Exercise", señalaron que las partes tatuadas expulsaban un sudor que contenía la mitad de sodio que las que no lo estaban. ¿Y de qué manera afecta? Este proceso incide en el sistema de refrigeración natural que tiene el cuerpo. El sudor es un aliado para poder regular la temperatura y para eliminar toxinas.

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"La piel tatuada produce aproximadamente la mitad de sudor que la piel no tatuada. Además, el sudor de la piel tatuada era significativamente más salado que la piel no tatuada", comentó Maurie Luetkemeier, profesor de fisiología integradora y ciencias de la salud que encabezó el trabajo que, tal cual definió, es el primero en documentar las alteraciones en la función sudoración asociada con el tatuaje.

Entonces, ¿la ausencia de sudoración a causa de un tatuaje supone un menor rendimiento? Para Luetkemeier no es así. El especialista adujo que cuando las glándulas sudoríparas están afectadas, como también puede ser en caso de una quemadura localizada, el cuerpo compensa su capacidad aumentando la sudoración de la piel no lesionada.

"Somos algo cautelosos con nuestros resultados. El proceso que usamos para estimular las glándulas sudoríparas difiere del proceso normal, que consiste en enfriarse después de un aumento de la temperatura corporal. Las investigaciones futuras pueden abordar la cuestión definitiva de si los individuos fuertemente tatuados están en riesgo de lesiones relacionadas con el calor", expresó Luetkemeier.