Fotógrafo ciego rompe paradigmas en los Juegos Paralímpicos de Río

Una máxima de la fotografía reza que una cámara buena no es sinónimo de fotos buenas, porque la calidad depende de los ojos del profesional, pero este axioma fue triturado en pedazos cuando el brasileño João Maia se convirtió en el primer fotógrafo ciego que cubre unos Juegos Paralímpicos.

«La fotografía es sentir, usar tus sentidos, como la audición, y tener sensibilidad por encima de todo», comenta Maia a Efe mientras prepara su cámara para tomar imágenes de un partido de golbol durante los Juegos Paralímpicos que se celebran en Río de Janeiro.

Maia asegura que recibe el calor y el respeto de sus colegas de la prensa y afirma que muchos fotógrafos le han dicho estos días que él les «cambió la visión» acerca de su profesión.

El brasileño, ahora con 41 años, perdió la visión casi por completo a los 28 por una uveítis, una enfermedad inflamatoria que le afectó ambos ojos.

Explica que todavía puede percibir bultos y colores vivos a distancias muy cortas, a alrededor de un metro y también en el visor de su cámara.

Sin embargo, Maia no es capaz de ver el resultado de su trabajo, algo que asegura que no le frustra.

«Una vez que hago una foto, ya no es mía, sino del mundo», dice.

Para cubrir un complejo evento deportivo como los Juegos Paralímpicos necesita ayuda, la que le brinda su colega Ricardo Rojas, quien también fue su descubridor y le fichó para el proyecto Mobografia, una web de arte visual captada con teléfonos móviles y que lo acreditó para los Juegos.

«Ricardo es mi guía, es igual a los atletas deficientes, que tienen guía. Él me dice cómo está el deportista y me describe el ambiente», relata.

La tarea es más fácil, continúa, cuando fotografía deportes en los que el público está obligado a permanecer en silencio, como el golbol y el fútbol de cinco jugadores.

En esas ocasiones tiene la misma ventaja que los jugadores y puede escuchar el cascabel que lleva el balón y anticiparse a las jugadas.

En los Juegos, usa una cámara profesional, pero se sirve apenas de una lente de 50 milímetros, la distancia focal que, según los fotógrafos, es más parecida a la visión humana, ya que no puede costearse los caros teleobjetivos que usan sus colegas de profesión.

En el día a día, como no tiene a su guía al lado, ejercita su profesión con un teléfono móvil y una aplicación que le da informaciones por voz al tocar la pantalla, para saber dónde está el objeto que pretende captar.

Dentro de la fotografía, lo que más le gusta es captar imágenes de deportes con más movimiento y, en especial, el atletismo, un deporte al que él se dedicó después de quedarse ciego.

Maia probó las disciplinas de lanzamiento de jabalina, disco y peso e incluso se inscribió en las pruebas clasificatorias de los Juegos Paralímpicos, pero no logró alcanzar los índices necesarios.

A raíz de su participación en los Paralímpicos, João se ha convertido en una celebridad en Brasil y en especial en el mundillo de la fotografía.

Antes de los Juegos tenía unos cientos de seguidores en su cuenta de Instagram y ahora pasa de 5.000; también perdió la cuenta de las entrevistas que ha concedido.

Espera que todo este reconocimiento se traduzca en llamadas telefónicas una vez que acabe el evento deportivo, para conseguir empleo relacionado con la profesión que ama.

«Para mí sería una gran felicidad no sólo ser reconocido, sino poderme ganarme el pan como fotógrafo», comenta.

También le agradaría impartir seminarios sobre fotografía. Actualmente, ya dirige un taller de fotografía en Sao Paulo en el que enseña a adolescentes las reglas de composición básicas y sobre todo, que no hace falta tener ojos para tomar una buena imagen.