Virgen María una tradición popular en Nicaragua

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A 800 años (1219 – 2019) del encuentro entre san Francisco de Asís y el sultán musulmán de Egipto y Siria Al-Kamil.

María (Mariam) puede considerarse el más fuerte punto de consenso o puente espiritual entre cristianos y musulmanes, y Abraham, es reconocido padre común en la fe para judíos, cristianos y musulmanes, las tres grandes religiosas monoteístas de la historia humana, con frecuencia confrontadas, a pesar de la proximidad esencial de la fe y del mandamiento fundamental del amor que todos dicen asumen.

“Porque el Amor no es amado”, le dijo Francisco de Asís al Sultán. La Inmaculada Concepción de María, dogma que proclamó la Iglesia Católica a mediados del siglo XIX, fue asumido mucho tiempo antes, -con particularidades doctrinales-, en el Corán a inicio del siglo VII.

El Papa Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción de María el 8 de diciembre de 1854 en la bula Inneffabilis Deus:

 “…declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles…”. 

La Iglesia recogió tardía lo que estaba en la tradición de casi dieciocho siglos.

El libro sagrado del islam dedica varios versículos y la azora XIX: María, a la única mujer que menciona con su nombre. Afirma: “su inmaculada Concepción, su parto virginal y tu pureza total” y que fue “alimentada por Dios” (Corán, 3, 32). 

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La refiere con veneración: “Acuérdate de cuando los ángeles dijeron: ¡Oh María!, Dios te honra con un Verbo, emanado de Él, cuyo nombre es el Mesías, Jesús, hijo de María, que será ilustre en este mundo y en el otro y estará entre los próximos a Dios” (Corán, 3, 40).

 “Ella exclamó: ¡En el Clemente me refugio contra ti, si eres piadoso!  Respondió: Ciertamente, yo soy el enviado de tu Señor para darte un muchacho puro” (Corán, 19, 18-19). 

 “Dios añade: María, hija de Joaquín, que conservó su virginidad; infundimos en ella parte de nuestro Espíritu, …” (Corán 66,12). Mientras el Corán menciona a María 34 veces, la Biblia, en el Nuevo Testamento solo en unos 20 versículos, principalmente en el Evangelio de Lucas (12) y Mateo (5).

La tradición mariana en Nicaragua se inaugura, según el historiador Clemente Guido, con la entronización en San Jorge, pueblo de Nicaragua, -como acto ideológico y de colonización-, de una “imagen de Nuestra Señora” por fray Francisco de Bobadilla, enviado de Pedrarias Dávila, el 2 de octubre de 1528, en la plaza de Totoaca, convirtiendo el templo indígena que allí se erigía -quizás dedicado a Quetzalcoatl-hecat-, en templo católico. 

Los “ídolos” y “esculturas” precolombinas fueron destruidas; los indios reconocieron que solo eran representación de ellos, igual que los conquistadores afirmaron que solo era una imagen de María y no ella. Dado que Bobadilla era mercedario, es posible que fuera una estatua de Nuestra Señora de la Merced. 

Los cronistas afirman que la soldadesca era devota de María. Entre los colonizadores hubo numerosos peninsulares aventureros, de origen moro y sefardita, o quizás “nuevos cristianos”, después de ocho siglos de convivencia socio-cultural.

Diversos historiadores afirman que la tradición de la Gritería en Nicaragua inició en 1857, -tres años después de proclamado el dogma católico-, en el barrio San Felipe de León, y fue llevado simultáneamente a Granada y a otros pueblos por los franciscanos.

 Sin embargo, otras referencias afirman que la tradición era más antigua, se conoce que, en 1726, se celebró en el templo San Francisco, Granada. El grito: “¿Quién causa tanta alegría?” y la respuesta: “¡La Concepción de María!” está arraigado en la cultura y la religiosidad popular de Nicaragua.

La Gritería o Purísima (7 de diciembre), es la más difundida y devota fiesta religiosa nacional, auténtica y única en su forma en vísperas de la Purísima Concepción de María, con fuerte arraigo y tradición cultural en Nicaragua, llegó a Managua –capital desde 1852-, procedente de León, cuando al concluir la Guerra Nacional se trasladó a la nueva sede el gobierno de Tomás Martínez integrado por funcionarios y sus familiares granadinos y leones, celebrándose por el padre José Lezcano (granadino), la primera gritería, en la parroquia de Santiago y en las calles de la recién declarada ciudad, en diciembre de 1859, según comenta el Dr. Edgardo Buitrago.

El apóstol escribió en el Apocalipsis: “Una gran señal apareció en el cielo: una mujer revestida del sol, la luna bajo los pies y en la cabeza una corona de doce estrellas” (Ap. 12, 1), muchos interpretan que es la Virgen María. 

El pintor español Bartolomé Esteban Murillo pintó en 1676 la Inmaculada, que es la imagen más asumida y venerada en Nicaragua en la Gritería. A los pies hay una media luna. En múltiples íconos e imágenes marianas son comunes las estrellas y la media luna, que provienen de la tradición precristiana griega y mesopotámica, asumidas como símbolo musulmán, en las cúspides de las mezquitas y en las torres de los alminares desde donde se hace el llamado a la oración.

En Bizancio, ciudad griega, en el siglo IV a.C., durante el reinado de Filipo, rey de Macedonia, quien expandía el imperio en las ciudades helénicas, fue obligado a replegarse después de un largo asedio. Los bizantinos lograron la victoria. 

Se creó la leyenda de la intercesión de la diosa Hécate quien dicen: a la luz de la luna “agitó las antorchas en la noche, despertó los ladridos de los perros y a los soldados para defenderse”.  En recuerdo del acontecimiento se erigió un monumento símbolo de la ciudad: la media luna, que también fue acuñada en las monedas.

 El símbolo, varios siglos después, se volvió representación del islam. Muchos rasgos bizantinos grecorromanos se fusionaron con las culturas-religiones de Asia Central. Bizancio fue renovada por Constantino I, quien, convertido al cristianismo, cesó la persecución de la nueva fe (Edicto de Milán, 313 d.C.), y fue asumida como religión oficial del Imperio (Edicto de Tesalónica, 380 d.C.).

 Fue nombrada Constantinopla (330 d.C.), capital del Imperio Romano de Oriente, hasta la caída en manos de los musulmanes otomanos (1453), cuando se llamó Estambul, poniendo fin a una era. 

Turquía (1923), creada al final del imperio Otomano (1299-1922), consecuencia de la I Guerra Mundial, asumió la media luna y la estrella como emblema nacional. También es representación nacional en Libia, Paquistán, Túnez y otros países de mayoría musulmana.

El escritor español Javier Sierra, en La cena secreta (2004) menciona el concepto “esteganografía” para referirse a la técnica para ocultar mensajes u objetos dentro de otros. 

Percibo que, en la iconografía y tradición mariana, se expresan tradiciones cristianas y musulmanes consecuencia de la influencia cultural y las coincidencias de fe a pesar de las diferencias.

 Nos heredaron no solo números, palabras y arte, sino también algo en la religiosidad y factores genéticos que corren por nuestras venas.

“María era el punto de unión entre aquellas dos religiones enfrentadas a muerte”, escribe, en el contexto histórico español de fines del siglo XVI el catalán Ildefonso Falcones, en la novela La mano de Fátima (2009).  

Nuestra Señora del Rosario Fátima, la más popular advocación mariana católica del siglo XX, se reveló en Fátima (fundada en 1568), Portugal, cuyo nombre es consecuencia de la presencia árabe en la Península, recuerda a Fátima az-Zahra “la luminosa”, hija del profeta Mahoma, la segunda mujer más admirada por los musulmanes, después de María, la madre de Jesús.

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