La “guerra fría” entre Melania y Donald Trump

Hay elogios que vale más no hacer. Un ejemplo: el que Donald Trump dirigió a su esposa, Melania, el jueves pasado, en una reunión con empleados de la aseguradora Aflac. "Vuestro presidente y yo nos conocemos muy bien, y él está haciendo un trabajo fantástico", dijo Trump, antes de entrar en el terreno personal: "Hace tiempo, él contrató a mi esposa para hacer un anuncio, un anuncio de Aflac, y yo creo que fue un éxito comercial, así que saludadle de mi parte".

 

Así es como EEUU se ha dado cuenta de que Melania Trump es la estrella de un anuncio de Aflac de 2005, justo el año en el que se casó con Donald Trump. El comercial es en blanco y negro, al estilo de las películas de terror clásicas, y con reminiscencias frankesteiniana, aunque con un tono humorístico. Melania está en camisón tendida en una cama mientras dos científicos locos experimentan con ella con el objetivo de transferir la voz de "una mujer adorable" a un pato, "para explicar con sex appeal al mundo los servicios de Aflac". El experimento concluye con éxito. Tras los debidos rayos entre Melania y un pato, éste acaba con la voz de ella. Y ella termina diciendo "¡Aflac!" con una voz propia del Pato Donald. El único fallo del experimento es que las piernas de Melania se convierten en las patas palmípedas del ave.

En cualquier otro, la referencia de Trump al anuncio podría tomarse como un ataque envenenado a su propia mujer. O un formidable error de comunicación. Para el presidente de EEUU, sin embargo, las leyes de comunicación política que rigen para la mayoría de los mortales no cuentan. Trump posiblemente habló del anuncio porque se le pasó por la cabeza. Aquí paz y después gloria.

La cuestión es: ¿se aplica ese 'aquí paz y después gloria' a la relación del presidente con su actual esposa?

No. Más que paz, entre los dos Trump hay una guerra fría. El lunes fue la primera vez que ambos aparecieron juntos desde el 11 de enero. Nadie sabe qué pasó el 11 de enero. Pero sí el 12: ese día, el Wall Street Journal, propiedad de Rupert Murdoch – más próximo al yerno de Trump, Jared Kushner, que al presidente – publicaba que el abogado del jefe del estado y del Gobierno de EEUU, Michael Cohen, había pagado 130.000 dólares (104.000 euros) a la actriz porno Stephanie Gregory Clifford (más conocida por su nombre artístico, Stormy Daniels) para que ésta no desvelara a los medios de comunicación la relación que había tenido con Trump en 2006 y 2007. O sea, cuando ya estaba casado con Melania (y cuando ésta había realizado el anuncio para Aflac).

Desde entonces, nada. Melania, aparentemente, no le habla a Trump. el penúltimo incidente entre los dos llegó el lunes, en Ohio, a donde los dos habían acudido a un mitin. En el aeropuerto, para volver a Washington, Trump trata de coger de la mano a Melania. No se da cuenta de que ésta lleva sobre los hombros un abrigo mostaza de Ralph Lauren, y solo agarra la manga vacía. Aparentemente, el presidente trata de agarra la mano de ella a través del vestido. Lo que sigue es un momento confuso, en el que parece que Trump está tirando hacia atrás de Melania, que no le mira. Finalmente, el presidente se detiene, pero ella sigue caminando. Trump la sujeta de los hombros mientras para para saludar al público. Ella, como es habitual desde el 11 de enero, no le dirige la mirada ni una sola vez, y no hace ningún además por tocar la mano de él.

Eso es el lunes. El martes, la ex modelo y ex esposa de la estrella de rock Billy Joel, Christie Brinkely, declara que Trump es "un baboso", y que en los años ochenta, cuando él estaba casado con su primera esposa, Ivana – con la que tiene tres hijos, Ivanka, Don junior, y Eric – trató de ligar con ella e incluso le ofreció un viaje en avión a Aspen, en Colorado, una localidad en las Rocosas que es uno de los lugares favoritos de las estrellas de Hollywood – y, en general, de todo aquel con una cuenta corriente de al menos ocho ceros – para pasar las vacaciones.

La reacción de Melania ha sorprendido. A fin de cuentas, ella fue la primera en exculpar a su esposo de sus declaraciones en el programa de televisión Planet Hollywood, en las que el entonces candidato decía que "cuando eres famoso" las mujeres "te dejan hacerles lo que quieras. Agarrarlas por el coño. Lo que sea".

Y, además, Melania sabe, como lo sabe todo el mundo, que Trump es un golfo capaz de tocar las caderas a su propia hija, Jael (ése es el nombre judío de Ivanka) en plena Convención Republicana, o de decir que "si Ivanka no fuera mi hija, probablemente saldría con ella" o, incluso, decir de ella que "tiene un pedazo de culo". La lista de infidelidades del presidente es interminable. De hecho, cuando estaba casado con Ivana, la tenía viviendo en uno de sus casinos. En el casino de enfrente, también de su propiedad, tenía a su amante, Marla Maples, de la que solía celebrar ante su equipo directivo "lo buena que es en la cama", según cuenta en su libro 'Trumped' de 1997 – mucho antes de que Trump entrara en política – precisamente el director de uno de esos casinos, John O'Donnell.

Así que ¿qué ha pasado para que Melania ni siquiera mire a Trump? La opción de las infidelidades es como la frase del Capitán Renault en el casino de Rick en Casablanca, entre las mesas de juego: "No me pudo creer que se esté jugando aquí". Melania ya sabía a lo que se dedicaba su esposo. ¿Qué es lo que la ha puesto tan furiosa?

Nadie lo sabe. Pero los hechos son que en estas cuatro semanas la Primera Dama apenas se ha dejado ver en público con Trump, sino que, encima, ha adoptado decisiones muy claras para evitar que eso suceda.

Las más dura ha sido de la que menos se ha hablado: el 22 de enero fue el décimo tercer aniversario de la boda de ambos. Pero la fecha transcurrió sin ningún tipo de referencia oficial u oficiosa. En una presidencia ejercida por una estrella de reality shows que sabe mantener la emoción y conectar con la audiencia como nadie, y más aún en una Casa Blanca que parece un coladero de filtraciones, ese silencio pétreo, es más que llamativo.

Pero, además, Melania ha dejado muy claro en público su distanciamiento de Trump. El día 20, tuiteó para celebrar su primer año como primera dama: "Ha sido un año lleno de momentos maravillosos. He disfrutado de todas las personas a las que he tenido ocasión de conocer en nuestro gran país y en el mundo". Ni una referencia a Trump. La foto del tuit es brutal: Melania del brazo de un espectacularmente macizo escolta militar el día en que su esposo juró el cargo, y en el que ambos tuvieron una bronca de proporciones épicas.

El 22 de enero, la Casa Blanca anunciaba inesperadamente que la primera dama no iba a volar con su esposo al Foro Económico Mundial de Davos que éste iba a realizar menos de 48 horas después "por problemas de agenda". Poco después,Melania tuiteaba sobre el Holocausto – cosa que su marido no hizo, y por la que fue criticado – en el día en el que EEUU conmemora la barbarie nazi. Melania también ha acudido a Twitter para celebrar que febrero sea el Mes de la Historia Negra, una minoría con la que Trump tiene una relación no tanto de guerra fría, sino, más bien, de guerra abierta.

Entretanto, estallaba una nueva oleada de rumores sobre una presunta relación extramarital de Trump con la embajadora estadounidense en la ONU, Nikki Haley -que ha sido negado por ésta -, y la revista de cotilleos In Touch desenterraba la transcripción de una entrevista de 2011 en la que Daniels describía con todo lujo de detalles cómo habían sido sus relaciones con Trump – "podría describir su cosa con todo detalle" – , y lo que Trump le dijo cuando ella le preguntó a cerca de su esposa la primera vez que tuvieron sexo: "No te preocupes por ella".

Y así llegamos al último episodio de esta guerra fría. El lunes, Melania rompió con la tradición al no ir con su esposo desde la Casa Blanca al Capitolio, donde éste pronunció el tradicional Discurso sobre el Estado de la Unión. La primera dama hizo el trayecto por su cuenta, acompañada por varios de los invitados al evento, que en EEUU se conocen coloquialmente como skutniks. En un momento dado de la intervención del presidente, cuando toda la bancada republicana y los skutniks estaban aplaudiendo, las cámaras se fijaron en Melania. Estaba inmóvil, con su habitual cara inexpresiva. Y sentada. Cuando se dio cuenta de que la estaban enfocando, se levantó y aplaudió.

Tras terminar el Discurso, medio EEUU sintonizó con el show de televisión de Jimmy Kimmel, en el que el periodista entrevistó a Stormy Daniels. En esta ocasión, la estrella del porno no quiso confirmar ni desmentir su lío con Trump.