Guatemalteco ofrece su casa para refugiar a migrantes

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A como se dan a conocer historias trágicas, peligros, torturas y maltratos que pasan los hermanos centroamericanos que emigran por temor a las pandillas o en busca de una mejor economía, vale la pena dar a conocer el trabajo de personas bondadosas que brindan ayuda humanitaria a los necesitados.

En una casa con paredes de madera sin lijar y techo de lámina que apenas deja pasar la luz, vive Andrés, un joven guatemalteco con una larga tradición de brindar ayuda humanitaria.

Desde hace ocho años pone a disposición su casa, la cual cuenta con una sola habitación y brinda comida a las personas que huyen de su propio país para salvar sus vidas.

Andrés, firme seguidor de los principios de la religión católica, colabora como voluntario en la Pastoral Social, un socio de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en la Casa Migrante de Santa Elena, Petén.

Esta Casa y sus voluntarios forman parte de una red nacional de albergues y centros que brindan información, asistencia humanitaria básica y hospedaje.

“Me tomó un tiempo convencer a las autoridades migratorias y a la comunidad local de que solo estaba ayudando a la gente sin pedir nada más”, cuenta Andrés. El trabajo no siempre es fácil y en distintas ocasiones, grupos criminales locales se han acercado a su casa amenazándolo a él y a su familia para que acabe con esta asistencia, y que trabaje para ellos como informante.

Andrés es mecánico y electricista de profesión y mantiene una tienda de comida y distintos artículos que maneja con la ayuda de su esposa. Los recursos económicos no abundan, pero su generosidad y solidaridad con las personas desesperadas que llegan con lo que cabe en una pequeña mochila, es un ejemplo de humanidad.

Los esfuerzos de Andrés han servido de ejemplo a otros voluntarios de la comunidad. “Así sumando los esfuerzos locales, tenemos más camas para hospedar a familias enteras que están huyendo de países donde no pueden estar tranquilos y que cargan las heridas de los grupos criminales”, dijo Andrés. 

En lo que va de 2016, los tres voluntarios han atendido a casi mil personas en su propia casa y en una capilla de la iglesia. De este número, 80 casos han solicitado la condición de refugiado gracias a la información proporcionada por la red y voluntarios como Andrés y por el hecho de haber referido a las personas a los distintos albergues para refugiados y migrantes o al Instituto Nacional de Migración de México.

Los niños, adolescentes y adultos que conocen a Andrés suelen contarle las razones de su exilio durante los cuatro o cinco días que se quedan en su casa. Suelen ser historias dramáticas de extorsiones, reclutamientos forzosos, secuestros, abusos sexuales, despojos de tierra por grandes compañías mineras y agrícolas, entre otros.

A junio de 2016, el número de refugiados y solicitantes de asilo del Triángulo Norte alcanzó los 138 mil; lo que representa un incremento del 70% en 12 meses.

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